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sábado, 21 de julio de 2018

oración (poema nuevo) "Derrapo en yo"

Señor, otra vez estoy aquí
en el monte de los olivos, asaeteado por mis olvidos
llorando por no reír, llorando por reír
mientras las lágrimas salpican el ribete perfecto de las hojas de luna
y luz.
Señor, dame más luz
aunque me duelan los ojos de no verme, de no verles, de no ver ni siquiera
(lejana
mente)
la más maldita y remota posibilidad de verte. 
Señor, otra vez estás allí
eres todos los hombres que están contigo en el monte de los olivos
eres todas las mujeres que niegan que los hombres están en ese monte
eres todos los que no sabemos ni qué somos, ni si somos, 
ni si moriremos esta noche o mañana
por la noche
o por el día. 
Señor, otra vez estás allí
clavado en el fondo de una iglesia semivacía,
negra como un caparazón de tortuga muerta
negra como una carroña que entre todos devoramos una vez, 
algún día remoto que ya no recordamos. 
Señor, tu soledad es tal
que te rezo hasta con miedo de confesarte que no te creo padre
ni madre
o que te creo madre
y padre
o que no te creo, espíritu del viento
espíritu no burlón, espíritu burlado
que aullaste de miedo en cada una de nuestras pesadillas
que lloraste de horror en cada uno de nuestros horrores
y así, sin final ni principio, en espiral terrible.
Señor, mi soledad era esto.
Este andamiaje que sólo se sostiene en el silencio
que sólo vibra y brilla porque existe la araña
esta brizna de paja que es única y fractal y diminuta y una
en la multiplicidad ingente de mil miles de miles de pequeñas briznas de paja
que existen un instante y del polvo vienen y al polvo van
y polvo somos ya, los que miramos
apenas un instante desde detrás de las órbitas de nuestro cráneo cara
fugazmente siendo piel, y brizna, y destello, y luego nada. 
Señor, señora, madre, tierra, fuego y agua 
yo no soy tú, ni soy la hoja de ribete de plata, 
ni el sollozo de humus de una costra de suelo. 
Espíritu, perdóname
pero sólo quiero abandonarte
dejarte solo a ti en el monte de los olivos:
no me caben más lágrimas y el resto del silencio
es cuanto queda ahora, cuando acabo de dividir,

y suena una palabra, y derrapo en mi yo. 

nuevo poema: ORACIÓN

Señor, otra vez estoy aquí
en el monte de los olivos, asaeteado por mis olvidos
llorando por no reír, llorando por reír
mientras las lágrimas salpican el ribete perfecto de las hojas de luna
y luz.
Señor, dame más luz
aunque me duelan los ojos de no verme, de no verles, de no ver ni siquiera
(lejana
mente)
la más maldita y remota posibilidad de verte. 
Señor, otra vez estás allí
eres todos los hombres que están contigo en el monte de los olivos
eres todas las mujeres que niegan que los hombres están en ese monte
eres todos los que no sabemos ni qué somos, ni si somos, 
ni si moriremos esta noche o mañana
por la noche
o por el día. 
Señor, otra vez estás allí
clavado en el fondo de una iglesia semivacía,
negra como un caparazón de tortuga muerta
negra como una carroña que entre todos devoramos una vez, 
algún día remoto que ya no recordamos. 
Señor, tu soledad es tal
que te rezo hasta con miedo de confesarte que no te creo padre
ni madre
o que te creo madre
y padre
o que no te creo, espíritu del viento
espíritu no burlón, espíritu burlado
que aullaste de miedo en cada una de nuestras pesadillas
que lloraste de horror en cada uno de nuestros horrores
y así, sin final ni principio, en espiral terrible.
Señor, mi soledad era esto.
Este andamiaje que sólo se sostiene en el silencio
que sólo vibra y brilla porque existe la araña
esta brizna de paja que es única y fractal y diminuta y una
en la multiplicidad ingente de mil miles de miles de pequeñas briznas de paja
que existen un instante y del polvo vienen y al polvo van
y polvo somos ya, los que miramos
apenas un instante desde detrás de las órbitas de nuestro cráneo cara
fugazmente siendo piel, y brizna, y destello, y luego nada. 
Señor, señora, madre, tierra, fuego y agua 
yo no soy tú, ni soy la hoja de ribete de plata, 
ni el sollozo de humus de una costra de suelo. 
Espíritu, perdóname
pero sólo quiero abandonarte
dejarte solo a ti en el monte de los olivos:
no me caben más lágrimas y el resto del silencio
es cuanto queda ahora, cuando acabo de dividir,

y suena una palabra, y derrapo en mi yo.