// Pulsa donde veas bien hacerlo //

viernes, 5 de noviembre de 2010

convocatoria

Estimad@ amig@...
Algo se mueve en España, y en Extremadura no queremos quedarnos al margen. Las fuerzas verdes de todas las autonomías, tanto implicadas en lo político como en lo social, han dado la campanada de unirse, desde este verano, a partir de la convicción de que hace falta romper la dinámica política actual, en que dos partidos (amparadas en las fuerzas nacionalistas) gobiernan el país para su propio provecho, el apoyo al sistema financiero internacional y al modelo productivista de un “crecimiento económico ilimitado” liderado por multinacionales que, como sabemos, esquilma los recursos de todos para el provecho exclusivo de unos pocos.
Por eso os invitamos a ¡AIRE, INSPIRACIÓN PARA EL 2011! ENCUENTRO CON COLECTIVOS, ASOCIACIONES, ECOLOGISTAS Y SIMPATIZANTES DEL MOVIMIENTO VERDE para debatir la necesidad de una nueva vía política en Extremadura.
Un acto público y abierto que tendrá lugar el jueves 11 de noviembre a las 5 y media en el Restaurante Monterrey (Calle Rodela, 25), de Villafranca de los Barros). Contaremos con la presencia del líder de la ecología política Juantxo López de Uralde (casi 10 años como director de Greenpeace, 21 días injustamente encarcelado en Copenhague 2009 por su reivindicación en la Cumbre del Clima en esa ciudad, actualmente impulsor de la fundación EQUO, que defiende la renovación política desde planteamientos ecologistas ) quien, después del debate , explicará el funcionamiento de esta nueva red verde de todo el estado y a nivel europeo, para oponerse a las políticas neoliberales y la corrupción en la política, a favor la ecología y la equidad social, luchar contra la pobreza y el hambre, y defender un nuevo modelo energético con 100% renovables, la agroecología y la revalorización de los recursos agrarios locales.
En Extremadura somos más lo no votantes, y el poderoso partido en el poder, amparador de la vieja política del lucro propio, el amiguismo, la corrupción, la obra pública y los proyectos de grandes infraestructuras y altamente contaminantes, cierra los ojos ante la crisis social y ecológica que ya estamos viviendo, aumentando el gasto público con una multitud de nuevos suculentos cargos, a sumar a los antiguos, y con proyectos que no crean riqueza social, sino que cierran posibilidades para las iniciativas de autogestión, autoproducción y autoabastecimiento, liderando una política del pan para hoy y hambre para mañana que abandona la producción y distribución de productos en las manos amenazantes del inmenso poder que las grandes distribuidoras de alimentación tienen ya sobre nosotros.
PSOE y PP han gobernado solos desde 1983, con el control de los medios de comunicación y apoyando un mismo proyecto político. Captan 600.000 votos en total, sobre una población de votantes de 861.000 electores, un 25% de abstenciones o votos en blanco. También entre sus votantes son muchos los desencantados. Nosotros, los que nos abstenemos desde que hemos perdido
la fe en la política, somos también responsables de la impunidad con que el espacio público se nos ha ido cerrando, desde la impenetrabilidad de los presupuestos que ellos manejan a su antojo.
Mientras en Francia (donde los verdes se han convertido ya en la segunda fuerza política del país, dato que se hurta a los españoles) la población paraliza el Estado porque no suba la edad de jubilación de los 60 a los 62 años, nuestros políticos apuestan por hacerla pasar de los 65 a los 67, dejan sin valor las cotizaciones que los autónomos han realizado hasta hoy, emplazando a los próximos quince años su adquisición al derecho social de una pensión, e insisten en la “flexibilización” del mercado de trabajo como única solución. El paro sigue creciendo, porque forma parte del mismo sistema, las ayudas a los desempleados se agotan y millones de familias son condenadas a depender de la caridad pública y al empleo sumergido.
En esta comunidad, la agricultura es un sector virtualmente desaparecido, o en manos de las multinacionales foráneas de la transformación y la venta de semillas transgénicas, y el importante ganado vacuno se va a mercados europeos, o aparece en los hipermercados a precios prohibitivos para la mayor parte de la población. Necesitamos una economía diferente. Si durante un tiempo pudo parecer que el modelo de desarrollo basado en un crecimiento ilimitado, globalizado e irracional mejoraba las condiciones materiales de vida, hoy en día ya sabemos que esto no es así: las estructuras económicas y sociales asentadas sobre la idea del crecimiento ilimitado son un abismo que no nos conducen a ninguna parte, y esquilman las posibilidades de vida de nuestros descendientes. Se han demostrado contrarias a la equidad social, la sostenibilidad medioambiental y la supervivencia, tanto de la naturaleza como de los seres humanos. La calidad de la vida media de la sociedad consumista es cada vez menor, con un crecimiento continuo de precios y fiscalidad sobre productos básicos. A nivel global, las diferencias económicas no han hecho más que aumentar continuadamente. En vez del desarme y la paz, han crecido el poder militar y la violencia. Vivimos bajo un poder que no ofrece más alternativas que su propia perpetuación.
Si no conseguimos reaccionar, seguiremos sufriendo con cada vez mayor virulencia una crisis social, energética, climática, de biodiversidad y medioambiental sin precedentes. Es urgente alcanzar un equilibrio ambiental, y que este equilibrio combine la justicia con el aprovechamiento de los recursos y oportunidades de las generaciones presentes y futuras. ¿Cómo? Consiguiendo la austeridad en la clase política, haciendo que el dinero que aún se percibe de Europa revierta en proyectos de interés social encaminados a la auto-subsistencia, dejando de ser consumidores sumisos de lo que nos venden en cada temporada como nueva necesidad, promoviendo la producción local y fiscalizando el coste medioambiental de las empresas que se enriquecen de la contaminación y la distribución de productos de largo recorrido, cuya plusvalía se roba a las fuerzas productivas a beneficio de los grandes intermediarios que dominan el planeta. En el futuro sin petróleo que ya se avecina, es absurdo seguir insistiendo en un comercio que empobrece a los países de origen y también a la población a que se destina. Hace falta inversión, no en un AVE carísimo, sino en vías férreas útiles para la comunicación de personas y
productos, y revitalizar las productos locales, que, como el corcho, se venden desde Extremadura como materia prima en vez de como materiales ya transformados.
El modelo de vivir mejor con menos es el de una vida más sobria, feliz y consciente de los límites ecológicos. Necesitamos un nuevo modelo productivo. En él, los recursos naturales y la biodiversidad deberán ser considerados como un bien común global e intergeneracional. El despilfarro, la sobreproducción y la sobreexplotación de la naturaleza y la energía, indicadores reprobables de ignorancia y de falta de solidaridad.
Actualmente, los españoles vemos como segundo problema fundamental del país a su propia clase política. Y no nos falta razón. Necesitamos recuperar la participación de la ciudadanía en la política para que la democracia, como autogobierno social, recupere su verdadero sentido.
Es hora de buscar un nuevo contrato social y ecológico. Conseguir pueblos y ciudades sostenibles, sobrios, solidarios, conscientes, preparados ante la escasez, y con una rica vida comunitaria. Iniciar la transición hacia una sociedad sostenible y equitativa es posible.
Sumémonos a la nueva marea verde que surge ya en España. Intentemos, desde Extremadura, dar fe de lo que creemos también en el ámbito político, luchando por nuestra naturaleza y sus posibilidades de explotación racional, apostando por nuevas formas de energía socializadas, que permitan a cualquier vecino tener agua caliente o luz como producto del sol, cambiando un sistema de ayudas que sólo apoyan la creación de grandes huertos solares con elementos de importación y no la fabricación de una nueva industria local termosolar, que cree riqueza en nuestra comunidad y nos permita autoabastecernos sin depender de la amenaza creciente de las dos centrales nucleares de nuestro territorio, cuya maléfica carga de desechos radioactivos serán la principal herencia que dejemos a nuestros descendientes, junto a una tierra empobrecida de la que no podrán vivir.
Quizás no consigamos nada. Quizás pongamos la primera piedra de una nueva construcción social. Queremos convocar, por primera vez en Extremadura, un encuentro con movimientos sociales, ecologistas y ciudadanos simpatizantes, dispuestos a compartir estos ideales. Son ya demasiados años de inacción, de ceder como siervos feudales en lugar de reaccionar como ciudadanos libres.
Se trata de generar un movimiento político de abajo-arriba, que se enfrente por primera vez contra un sistema feo, feroz y casi todo poderoso que nos lleva a la destrucción con las manos atadas. Pocos o muchos, haz que no seamos la única comunidad que desatienda esta llamada.
Acude el día 11 de Noviembre, y difunde esta convocatoria entre quienes sepas que pueden estar interesados. Nadie lo va a hacer por tí.
Y tú... ¿no crees que hace falta un cambio?

CartelES

miércoles, 3 de noviembre de 2010

EL SIGNO DE TANIT

Esta mañana, en el pueblo:EL SIGNO DE TANIT contra la muerte


Tanit era o fue una diosa fenicia. De mala fama, como todo lo de aquellos derrotados... ¿O no es verdad que los vencedores no tienen mala fama? Como mucho, se les trata con condescendencia, como a niños mimados cuyos privilegios no se discuten, se dan por hechos. Nunca son tachados de delincuentes. Para eso son los vencedores, los dueños del derecho.

Tanit, fenicios: inmolación de infantes, sacrificios sangrientos.

Hoy salí de casa a las 6 y pico de la mañana. Les abrí a mis perros, contentos de recuperar la alegría del paseo matinal insospechado, pues hace meses que no se (me) lo concedo. Mi calle da a la plaza de la Iglesia, y de noche el horror verde en que han convertido el palacio viejo no se nota, así que tiré contenta hacia el este, y en dos calles más, todo recto, pasé entre la casa de Monchín y de la de Pincho (ambos perros, ambos dormidos), dejé a un lado la casa rural, aún cerrada, donde sólo un ventanuco deja salir el ruido eléctrico de una refrigeración permanente, y bajé, ya fuera de las casas, por la calleja de la charca, admirada del esplendor de la noche estrellada. Las dos Osas y Draco, a un lado, al otro, Orión, los perros cazadores, Aldebarán en el cuerno de una vaca, otro héroe antropomorfo que creo que es Hércules... Bajo ellas las luces del pueblo, y enfrente, no oscuro del todo a la luz de la luna, aún no claro con el primer resplandor del sol, la línea del naciente. La charca brilla y refleja las cuatro encinas que tiene encima, como una foto perfecta, y desciendo hacia ella dándome cuenta de lo afortunada que soy: sin necesidad de pasar hambre, frío ni grandes trabajos, disfruto una de las sensaciones imposibles para el mundo moderno: la de andar en la lechosa luz de la madrugada.

Es difícil expresar lo que esto significa con palabras. Sólo sé que para millones de personas es un imposible, algo del todo irrealizable, por más pasta o ganas que tengan o no tengan. Quizás nadie lo añore. Sin embargo, cuando lo estás haciendo, y de pronto te das cuenta de que estás ahí, caminando en la noche del planeta sin interferencias eléctricas, entrando en tus ojos sólo la radiación nocturna de los astros lejanos, que no han cambiado sustancialmente en miles y miles de años, tu cuerpo responde y sabe que es bueno, que está bien verlo así, que tiene suerte, y lamenta la suerte de los urbanitas y se alegra de no estar condenado a no ver nunca con los ojos la verdad de la noche.

Una noche, o madrugada, muy buena. No hace frío a estas horas en este suroeste, y mis pies pisan con confianza, sabiendo el sentido de los charcos, las huecos más oscuros, las zonas más claras del camino. Enfrente...

Pero no sólo iba sintiendo eso. Pensaba también en el precio que pago. Desde que vivo en el pueblo, y por vivir en el pueblo, fui incapaz de recuperar mi trabajo de antes, incapaz de conducir cada día lo que tendría que haber hecho, hasta que me deprimí del todo y llegué a enfermar seriamente de tristeza, hasta llegar a como he estado. No me ha sido fácil adaptarme a la soledad, la pérdida de la sensación de disponibilidad de compañía y oportunidades de la vida urbana, la pérdida real del trato con mis amigos de antes, las dificultades para hacer la compra, el no saber de hecho cómo sobrevivir a cada día... Iba pensando en eso, y añorando aún tener otra vida, más normal, más fácil para mí, al menos para mi yo de antes o mi yo virtual de criada en ciudad, cuando vi salir, como antes hacía, el primer coche que se desplazaba hacia Cáceres, o hacia Valencia de Alcántara, o hacia donde fuera, en busca de su trabajo.

Daros cuenta: aún es de noche, yo aquí paseando con los perros, y allí, bajo las luces del pueblo, saliendo ya de ellas hacia la carretera nacional, veo asomar las luces rojas de un turismo, y pienso que así era cuando salía yo misma, y me alegro, la verdad, de estar donde me encuentro y no partiendo en coche, sentada ante el volante, los pies en los pedales y la cabeza puesta en la carretera, en la oscuridad que hienden mis dos faros.

Me sale un gesto extraño de triunfo, como si fuera un delantero centro tímido que acabase de dar un gol.

Y sigo caminando. Más allá de la charca el camino sube, y cuando llego al punto más alto antes de la carretera comarcal veo la luz blanca de la nave de las vacas, y sé que antes está el arroyo, y sigo bajando, y me detengo para admirarlo todo de nuevo: el agua, la línea del horizonte, los árboles oscuros, las estrellas... Y entonces me fijo de nuevo, y me doy cuenta: es el signo de Tanit lo que tengo delante. No sé cómo describirlo: están los cuernos de la luna muy delgados, tumbados en el cielo del este, encima de donde sé que saldrá el sol, como una luminosa barca. Y recuerdo haber leído que ése era el mejor signo de la luna, de Tanit: la barca, cuando su semicírculo cóncavo parece navegar, como las naves del Nilo, como el barco de Osiris, y además...

Además, el resto de la luna es también visible, como un círculo oscuro, pero al mismo tiempo luminoso, con una negrura que sin dejar de ser negra está microperforada por punciones de luz indistinguibles, pero presentes.

Y ése es el signo: la luna decreciente tumbada, paralela al horizonte, muy brillante, con los cuernos hacia arriba y sobre ella, como si fueran dos cuerpos y uno acogiera al otro en su regazo, el círculo oscuro del satélite, que parece, por una ilusión óptica, desprendido de la curva luminosa en que se asienta, como si hubiera dos lunas que se acoplan.

Encima el círculo lleno oscuro, más pequeño, debajo la curva de una medioluna blanca grande, y juntas navegan inmóviles, embarcación y pasajero, sobre el agua del cielo. Así lo vieron, así era. Así lo veo, así es. El signo más favorable de Tanit es mi regalo este paseo.


miércoles, 3-11-2010